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May 28th, 2008

Gonzalo Escarpa: “Comienzo a escribir con cada poema que hago”

gonzalo escarpa
Texto: Nabor Raposo. Fotos: Rael Domínguez.
Cuando uno se dedica a entrevistar a los escritores que admira, tiene que tener paciencia, estar muy atento, y sobre todo escuchar. Muchos son como dinosaurios literarios, gigantes con los que uno se siente pequeño y apenas se atreve a alzar la voz… pero esto no sucede con Gonzalo Escarpa (Madrid, 1977), un chaval de treinta años y cara de Alejo Sauras, poeta y gestor cultural, profesor y editor; con las cosas claras, original, desvergonzado y de su tiempo. Un valor en alza y muy a tener en cuenta en el panorama poético nacional. Habrá que compadecer al periodista que, dentro de otros treinta años, tenga que vérselas con Gonzalo, ya convertido en un dinosaurio de los de verdad, ya que la única experiencia que parece que le falta es la que le otorgarán los años.

madrid_Underground: ¿Gonzalo Escarpa es tu verdadero nombre?
Gonzalo Escarpa: Es mi segundo apellido, el primero lo oculté. De modo que soy Gonzalo “algo” Escarpa.

m_U: Y yo que creía que los poetas firmaban bajo seudónimo…
GE: No estoy de acuerdo. Hay que firmar las cosas. Estoy muy poco a favor del anonimato… bueno, tenemos un blog, “Caspa” (caspaypoesia.blogspot.com) y ahí sí que empleamos el anonimato para conseguir libertad. Más allá de eso, creo que el nombre de uno está muy bien.

m_U: Se me ocurre Pessoa, del que dicen llegó a emplear más de mil heterónimos…GE: Bueno, eso es otra historia. Pessoa lo que hacía era reinventarse; crear un nombre y llenarlo de contenido es algo interesante, pero crearlo por el mercado sería un error.

m_U: Repasemos: diriges la revista digital de creación “Fósforo”, el Centro de Difusión Poética de Madrid; dirigiste el boletín “Circo de pulgas” junto a María Salgado, la revista literaria Nayagua del Centro de Poesía José Hierro donde trabajaste cinco años como coordinador, y también impartes un laboratorio de Creación Poética, “La Piscifactoría”. Trabajas también en Ediciones Transhumantes. ¿El prototipo de humanista del siglo XXI?
GE: No. Todo forma parte de lo mismo. Me interesa la poesía y su difusión, así que da lo mismo escribir un libro de poesía para niños que organizar un acto, publicar un libro o dar conferencias. Luego te hablaré de la poesía de acción y la poesía que aumenta su significado, como la poesía visual, la poesía sonora o la experimental, entendiendo la experimentación como búsqueda y no como una etiqueta de pretendida pose, sino todo lo contrario. En la nueva poesía audiovisual que se está realizando, el poeta debe conocer sus herramientas.

gonzalo escarpam_U: Entonces, ¿qué te consideras más, editor, agitador, emprendedor o poeta?
GE: Es todo lo mismo, como ya he dicho. Son distintos trajes que uno se pone. Por dentro soy el mismo, después empleo los instrumentos en cada caso. Pero para mí todo forma parte de lo mismo, de una devoción brutal por la poesía y las ganas que tengo de que la gente la comparta conmigo.

m_U: Pero es el traje de poeta el que no te quitas nunca.
GE: Todo traje de poeta no existe, no es posible: la poesía no se pone. Lo dice Gloria Fuertes, muy bonito: la poesía es un milagro, y uno no se sienta todos los días a hacer milagros. No puede existir el traje de poeta. Simplemente, aparece. No es una profesión.

m_U: De acuerdo; ser poeta es estar desnudo, entonces.
GE: O vestido, porque también es un arte de disfraces. Ser poeta es tener la capacidad y la falta de vergüenza de ponerse esos disfraces múltiples; nunca el de poeta, sino el de quien mira, quien roba, el que imita. Creo que tiene que ver más con la transformación, con el travestismo incluso.

m_U: ¿Todo esto da para vivir?
GE: Sí. Lo que pasa es que no paro y prescindo de tras cosas. A base de recitales, conciertos, organización de eventos, etcétera, se puede vivir. De la poesía no. Yo vivo de la gestión cultural. Decía Elena Medel que de la poesía no se puede comer, pero se puede merendar. Y es verdad.

m_U: ¿Y te queda tiempo para leer?
GE: Sí. Me va la vida en ello. Quizá no tenga tiempo para leer y escribir en las condiciones en las que yo querría hacerlo, evidentemente. Por eso voy a parar. Hay momentos de ver, y momentos de ser visto.

m_U:¿Has sentido vértigo en algún momento?
GE: Todos los días. Con quince años organizaba recitales en el Café Manuela; he currado en bares… me lo he hecho desde abajo. He descubierto lo que es dejarse la vida por algo, en este caso la poesía, y le tengo mucho respeto. Siempre te acojonas; en una entrevista, por ejemplo, te planteas quién eres tú para decir ciertas cosas… es estar constantemente en un territorio inexplorado, como esquiar por nieve virgen. Muchas veces uno anhela el lado establecido de la cultura porque debe ser muy tranquilo, cuando sabes, por ejemplo, para quién trabajas. Yo no tengo ni idea. El miedo forma parte de mí. Lo que me lleva a hacer cosas me lleva también a cuestionarme por qué las hago. El escritor nunca se quita ese miedo porque no sabe si lo que hace es absolutamente inútil. Muchas veces ni yo sé qué coño estoy haciendo, y eso me asusta.

m_U: ¿Qué es la poesía?
GE: Juan Ramón Jiménez decía que la poesía es todo aquello que cumple vivamente su fin. Lo que te obliga a perseguir un único fin construido con el lenguaje y con las palabras. Dando clases, me he dado cuenta de que también es una respuesta lingüística a una sorpresa de la vida. La vida te sorprende y tu le respondes con un poema. José Antonio Padilla dice que un incendio es un monólogo. Creo que va por ahí.

m_U: ¿Y qué es ser poeta en este tiempo?
GE: Tener miedo. Y tener fe en las cosas inútiles. Ser un poco patafísico… es que es muy fácil ser cursi. Ser poeta es no ser cursi, es justo lo contrario. Por eso surgen poetas como Nicanor Parra, el antipoeta, alguien que está en contra de la poesía. Evidentemente, él estaba en contra de la “poesía fabricada”, retórica, inventada; el hablaba de otra poesía, “la que está”, la que surge todos los días en el periódico o en el Telediario. Pasan cosas sorprendentes con el lenguaje, entonces, ¿para qué queremos más? No es necesario ponerle adjetivos ni disfraces de colores. La poesía son cosas sorprendentes que ocurren.

m_U: ¿El poeta, entonces, sigue siendo ese infatigable aprendiz?
GE: Sí, claro. Todo el rato. Soy profesor de métrica, de versificación y de creación poética, y me he dado cuenta enseñando de que cada día uno aprende para desconocer más cosas. Todo poema es una prueba, una búsqueda. Es una indagación infinita, y uno nunca deja de ser indagador porque tiene más que ver con el ser que con el hacer.

m_U: Ya… la poesía es preguntarle al lenguaje si tiene algo que decir.
GE: Y muchas más cosas… uno escribe para saber qué es escribir. Es una actividad que no tiene más fin que conocerla. Evidentemente, nunca sabes buscar las llaves, cada vez las buscas de una manera.

m_U: Como poeta, ¿sientes que has alcanzado una voz propia?
GE: Espero que no. Manolo Romero, el yerno de José Hierro, me dijo que los poetas jóvenes estábamos obligados a cambiar en cada libro. Me lo creo. La voz es la ruina. El hecho de que a un poeta se le descubra o se le reconozca por una serie de rasgos no me interesa. No me gustaría, sería el fin. Si consigo eso, ¿para qué escribir más?

m_U: Tengo entendido que esa era la meta de un novelista…GE: Es otra de las diferencias. Nicanor Parra decía que la poesía es la prosa que se mueve. El novelista tiene que aprender a caminar, pero el poeta, si tuviese que aprender a caminar, dejaría de hacerlo. El poeta busca el cambio constante.

m_U: ¿Y sientes que a su edad ha alcanzado cierta madurez poética?
GE: Para nada. Comienzo a escribir con cada poema que hago. Quizá sí que he adquirido cierta experiencia lírica, pero me siento exactamente igual que cuando tenía quince años. Un poquito más cansado, algo más “quemado” con la realidad poética contemporánea. Eso es algo que me hubiera gustado no aprender. Mi condición de poeta, por un lado, y de gestor cultural, por otro, te hace ver las dos caras. Conozco las necesidades y las miserias, las perversiones y los intereses bastardos que se cuelan en la poesía, cuando la poesía debería ser intocable. He aprendido a desconfiar, lamentablemente. Pero la poesía como género, como texto, es inviolable. Y eso es maravilloso.

m_U: Te lo pregunto porque que eres joven. En poesía, ¿eso es un hándicap?
GE: Todo lo contrario. Aunque bueno, tengo treinta y uno, cada vez soy menos joven… Desde hace quince o diez años, los poetas jóvenes son los que ganan los premios, los que convocan los recitales. Me temo que yo ya no estoy en el club, lamentablemente. De hecho, creo que la poesía se halla depositada demasiado en los jóvenes. Para que te hagan caso siendo “no joven” tienes que ser Premio Cervantes. Debería existir un criterio de calidad que no se fijara en si uno tiene cuarenta, cincuenta años. Se tiende a demacrar a todo lo que no es joven. Se prohíbe. Y, joder, tampoco es eso.

gonzalo escarpam_U: ¿Cuáles serían esos “criterios de calidad”?
GE: Hay cuatro cosas importantes en un poema: el oficio, la maña, el talento y el genio. El oficio es la parte técnica, la parte que hay que conocer; la que está hecha de lecturas, de escritura y de experiencias. La maña es mágica; es algo innato que yo no quiero llamar talento, y que tampoco es magia ni inspiración… pero algo de “duende” hay. El genio es la capacidad de invención, de encontrar soluciones distintas a los mismos problemas. Para mí, un poema es una buena pregunta para una respuesta. Cuando se le otorga un matiz distinto a algo que ya sabíamos, estamos ante un buen poema. Nabokov decía que él empezó a escribir poesía y cuando se dio cuenta de que era muy difícil empezó a escribir relato, y cuando se dio cuenta de que era muy difícil empezó a escribir novelas. Se supone que la novela, por extensa, es más compleja, pero en realidad, conseguir dos buenos versos puede llevar más tiempo que escribir una novela de mil páginas. Se trata de emplear un uso del lenguaje muy distinto.

m_U: Pero el principio de “Lolita”, por ejemplo, es poesía… el lenguaje es muy elevado; lo mismo pasa con Faulkner…GE: Es verdad, y hay muchísima poesía en prosa. Hay muchísimos rasgos prosaicos en poesía igual que hay muchos rasgos poéticos en el cine. Lo cual no significa que el cine sea poético. Es como el problema de la publicidad. Hay quien sostiene que los publicistas actuales son poetas. Pues no, no son poetas. Manejan otro sistema lingüístico, y además se están poniendo al servicio de la venta de algo, y eso es un error. La poesía no vende nada que no sea el propio poema.

m_U: Para terminar, cuéntame lo de “los Poetas Pesados”. Menuda montasteis.
GE: Jorge Páez, un tío de Salamanca, estaba sacando una revista de poesía llamada “Mombasa”. Habló con Ben Clark, con Fabio de la Flor y conmigo, puesto que los tres somos gestores culturales, y nos dijo que se nos veía muy cansados de hacer actos culturales ordinarios. Que por qué no presentábamos su revista de una manera original. Nos pusimos a pensar, y llegamos al boxeo por varias razones: porque es muy artístico y literario y, sobre todo, porque nos interesaba la idea dadaísta de resolver las cosas a puñetazos. Y, además, cambiar ese concepto de la poesía como una cosa ñoña. Entonces organizamos un combate absolutamente verídico como algo situacionista de convertir la realidad en otra cosa, y de anunciar un recital en el que se iban a pegar. Lo hicimos en un museo y se llenó. Las 300 personas no sabían si íbamos a leer poemas o no, hubo mucha confusión. Al final hubo pelea a dos asaltos, con las reglas del boxeo amateur, y todo fue muy criticado. A la gente le pareció una mentira, una chorrada, una estafa. Pero ahí estaban, dos poetas –uno premio Hiperión–, con el único fin de ponerse en riesgo, lo que nos parecía muy poético. Nadie leyó un solo poema, porque en parte era una rebelión contra los actos donde no sucede nada. Todo fue muy extremo. Incluso la Federación de Boxeo quería denunciarnos por haber hecho algo ilegal.

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