En detalle

February 20th, 2009

Entrevista
Ben Clark

Ben ClarkTexto: Sergio Artero
Ben Clark vive en Salamanca, pero tiene ascendentes ingleses. Tal vez por eso le guste tanto Keats. A mí me gusta él. Quiero decir, sus poemas. Quiero decir él, vaya. Porque Ben es muy sincero en su poesía. O lo aparenta, que es lo mismo, como diría el fingidor de Pessoa. Otro que tal baila. Pero vamos, quiero decir que me gusta cómo enhebra en un mismo poema la sencillez y la profundidad. Como un buen golpe: porque cualquier buena y sencilla hostia es un perfecto símbolo ontológico. Será
por eso que Ben, haciendo hueco en su agenda de gestor cultural y colaborador gacetillero, fue uno de los poetas que cedieron a explicitar sus hostias en aquel Primer Campeonato de Poetas Pesados. (Véase en youtube.) ¿Qué otra cosa se puede hacer, cuando nuestras hostias sólo valen para carne de show bussiness, cuando sólo somos los “herederos de todos los despojos”? Este verso, permítanme aclarar, pertenece al libro de Ben Clark titulado Los hijos de los hijos de la ira, todo un manifiesto poético, generacional y necesario, donde replicar a Dámaso, y con él a los maestros y a los padres: ya no tiene sentido pelear como vosotros, la ira sólo ha dado huérfanos y versos. A nosotros las hostias nos llegan con el tedio. Con ese ánimo le dirijo estas preguntas.

¿A qué tiende la poesía que se entiende? ¿A qué tiende la poesía que se atiende (en los medios,
claro)?

La poesía que se entiende no se posiciona, necesariamente, contra esa poesía que “no” se entiende. Las comillas son importantes. Es una poesía que intenta, eso sí, estar más cerca del lector que del poeta. Y que se entienda no significa que sea fácil. La poesía que se atiende tiene más que ver con el poeta que con la poesía. Son factores externos a la literatura que caducarán.

¿Los temas poéticos son eternos, o vástagos de su tiempo? Por ende, ¿escribes para tus contemporáneos o para un lector atemporal? ¿Sabrías, pues, resumirme los principales temas que te
interesan?

Contestaré parafraseando las palabras del gran poeta Peru Saizprez: hay que atender a los grandes
temas, también a los temas pequeños, pero no hay que descuidar los medianos. En mi caso escribo sólo sobre los temas que me interesan y que son, claro, los mismos temas de siempre. No hay nada que inventar. Escribo sobre la muerte, que me preocupa, sobre el amor, que me jode, sobre el tiempo, que me engorda y sobre escribir, que me divierte.

A bote pronto, salva a dos poetas clásicos de los que te consideres “hijo” de una supuesta quema universal de bibliotecas. Después, salva a otros dos poetas más cercanos, más “hermanados” contigo.

Salvaría sin dudarlo a Lope y a Quevedo y a Keats. Más cercanos, a Ángel González, a quien he imitado mucho y a José Hierro, maestro.

Acaba las frases sin muchos miramientos:

Hoy en día se lee… más.
Madrid para mí es… infinita.
A la hora de escribir un verso, primero…merienda.
A veces me pregunto por qué… nos complicamos tanto la vida.
Entre acabar un buen poema y ver a un buen amigo, elegiría… robarle un buen poema a otro amigo.

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